Cuando revisamos las cosas que nos suceden, a menudo es posible, y digo solo posible, que nos sintamos arrepentidos de más de una acción que hemos desempeñado, justo en ese momento llamado “en caliente”.

No es de extrañar, la sangre fluye a velocidad de vértigo, y hace que nuestros circuitos se estresen y el mecanismo de drenaje se ralentice.

Así esa toxicidad, se somatiza, convirtiéndose en emociones toxicas.

Puede parecerte exagerado, y no digo que no lo sea. De hecho lo es. Pero por favor, vamos a calmarnos, a refrigerar los ánimos y dejar que los “picos” de calor vayan normalizándose hasta llegar a dibujar una línea recta.

Conversando hace tiempo con alguien muy querido, me compartió la necesidad que sentía a veces de explotar como una “carcasa”.

Aquí, en esta Valencia mediterránea, esto es estar alineado con el ambiente cultural, ya que cada dos por tres, en cualquier evento, celebración, etc.. aprovechamos para echar unas cuantas “carcasas o tracas”, conocido por “fuegos artificiales”.

No pretendo dirigir tus instintos de protección a tu dignidad, si es necesario explotar, pues se explota. Pero hagámonos un favor, vamos a pararnos, sentirnos, y a ver que ocurre en unos minutos de relax y descanso.

Si pasada una hora, (no digo de contar hasta 10, porque esto no siempre funciona) sigues queriendo expresar tu emoción a lo valenciano. Tu misma.

De momento, te mando un gran y explosivo abrazo, eso sí, desde la frescura y re-capacitación.

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