¿Dónde nos habíamos quedado?

Os contaba sobre la relevancia de los colores, su calidez o frialdad, la utilidad de los mismos para según qué cometidos.

Este es un tema que desde siempre me ha apasionado. Desde hace tiempo que le dedico especial atención a los cromatismos, ya que me parecen de un peso absoluto a la hora de conseguir la armonía.

¿Sabéis que todos tenemos unos colores, además de favoritos, que nos acompañan dependiendo de nuestra naturaleza y momento en el que nacimos?

Podríamos decir, que mostramos como una “predisposición” para según qué colores. Además lo más interesante es que conforme vamos creciendo y evolucionando, estos se van adaptando, incluso a veces modificando.

Recalco la importancia de utilizar los colores, dependiendo de los lugares, contenidos, y sobre todo los objetivos.

Por ejemplo, para dormir, evitaremos los colores de fuego, como rojos, naranjas fuertes, granates. Los violetas, tierra, verdes serán los más adecuados.

Para trabajo, los grises combinados con granates, son ideales, y también algún toque de fucsia. Evitando los azules y amarillos, que pueden crear demasiada emotividad o agresividad.

Si se trata de lugares de actividades meditativas, los cremas, pasteles. Eliminamos los colores primarios, a no ser que sean suaves pinceladas.

Los verdes, esmeralda, turquesa, son especialmente fragantes para espacios de estar, comedores, con notas de colores cálidos, magenta, malva, rosa.

Y una duda que puede surgir:

¿Qué ocurre cuando nos empeñamos en tener alguno de esos colores inadecuados?

Publicado en:   Aarti. Guia Sana de Ibiza. 

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