Aquí nos encontramos de nuevo, en este transcurrir del tiempo. Me llegan mensajes de google fotos, preguntándome si quiero recordar imágenes de hace varios años.

Y mis ojos se iluminan al ver que aunque mi apariencia era bien distinta, pelo largo, mechas rubias, me observo en el espejo, en las fotos recientes, y aunque sea por supervivencia, hasta me veo mejor ahora. Y pienso que son “Cambios que se Agradecen”.

Cuando realizamos cambios en nuestro entorno, imagen personal, o alimentación, estamos invirtiendo en calidad, dignidad y abundancia.

Respetar cada etapa de la vida, la función de los accesorios del camino, es de vital importancia.

Espera. Que parece que hablo extraño. Me explico un poco mejor.

Durante tiempo, he tenido algunos cursos de los que edite en esa última etapa de pelo en tinte y largo, un poco apartados. Cuando los desarrollé me sentía plena y feliz de compartir cuanto en ellos dispongo, y aún así, no le di el suficiente peso.

Ahora desde mi aceptación y respeto por mi trabajo, por mi intención, y por lo que soy, indistintamente de mi aspecto exterior, observo que me encanta volver a sentir mía aquella labor que tan amorosamente preparé.

Más tarde he ido editando cursos nuevos, con toda la experiencia que claro está se va acumulando, cambia la dicción, o la pose, o el modo de expresión de la cara, pero me encanta ver que en esencia es lo mismo.

Con esto, y volviendo a lo que a ti te interesa de verdad, resta decir que a mí me ha valido aplicarme el cuento, frase o refrán, sobre que “El vino gana con los años”,  “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, “La Experiencia hace maestros”, y un largo etcétera de dichos que vienen precisamente de la experiencia. (de otros).

Sentirse bien en cada momento. Adaptar nuestro entorno a lo que somos, en PRESENTE, divertirse con los cambios, disfrutar de los colores de la vida, sean verdes, marrones, o morados.

También añadir, que me he dado cuenta de algo. Hasta hace bien poco, pensaba que eras mujer, adulta, profesional, sensible, con necesidades que mi labor podía paliar. Y ahora, se me revela un gran secreto.

Puedes ser un hombre, adulto, profesional, sensible, con necesidades que mi labor puede paliar. Valga la redundancia, para expresar el gozo que siento de ver que algunos os atrevéis a escribirme, a comunicaros, y aunque al principio tímidamente, solicitar:

“QUIERO QUE ME AYUDES A CONSEGUIR MIS OBJETIVOS”.

Y ¿Sabes cómo ha llegado esto a mi vida? Con mi plena confianza en lo que soy, lo que represento y lo que estoy dispuesta a trasladar a otros seres humanos.

Cuido y amo mi profesión. Cuando atiendo una consulta me sumerjo y mimetizo con el entorno de mis clientes, y hay algo más, puede ser que al entrar te estreche la mano, como mucho ligeros besos en las mejillas a modo de saludo.

Al marcharme, querremos abrazarnos.

¿Pero qué ha ocurrido? Ni se sabe. Nada es por casualidad. Ya me contrataste antes de pisar la Tierra.

¿Conoces los abrazos virtuales?

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